Viviendo del aire

"La sombra de los otros", estrenos paranormales

Escrito por viviendodelaire 03-06-2012 en General. Comentarios (0)
                      
                       

Como si de un cajón de sastre de productos cinematográficos bastardos se tratara, la cartelera de los meses de mayo y junio se ha convertido definitivamente en el contenedor de todas aquellas propuestas que las distribuidoras no han tenido a bien estrenar semanas, meses o incluso, como con este film que nos ocupa, años después de su montaje para cines. Bien por la baja calidad del resultado final, por los las circunstancias coyunturales (blockbusters coincidentes en el tiempo) o, sencillamente, por la poca fe en sus capacidades taquilleras, la temporada cinematográfica está llena de films para los que sus distribuidores no encuentran sitio en el mercado, barajando las opciones de esperar un hueco en meses de transición como el que vivimos o quedando directamente relegados al estigma del directo a video (entendiendo como tal los formatos DVD y Blu-Ray, claro está). Unas veces, el espectador poco dado a video clubs y atajos en la red se pierde propuestas de mucho interés. Otras, como en este caso, el nivel del producto, sin ser espantoso, justifica de alguna forma la gestión perezosa de su exhibición en circuitos comerciales.


La sombra de los otros, rodada en 2010, es la primera producción estadounidense rodada por los suecos Måns Mårlind y Björn Stein, de quien hemos visto antes en cines una producción posterior, Underworld: El despertar (2011), intento de reinicio de la saga vampírica/licantrópica a mayor gloria de Kate Beckinsale al que sus responsables insuflaron de mayores dosis de violencia y una caligrafía visualmás acorde a la pirotecnia videojueguil de Paul W. Anderson (Resident Evil, Los tres mosqueteros) que al pretendido minimalismo que desprende el primer tercio (lo más salvable) de este flojito thriller que juega al despiste entre el recurso de las múltiples personalidades y un motivo más cercano a lo sobrenatural como es el de las posesiones espirituales. Vamos, que la cosa pudiera estar entre las interesantes Identidad (James Mangold, 2003, que resulta ser del mismo guionista, Michael Clooney) y Fallen (Gregory Hoblit, 1998).


            

Por desgracia, puestas las cartas sobre la mesa en los primeros veinticinco minutos, la narración se muestra cada vez más farragosa y arrítmica y el salto genérico del thriller psicológico al terror cercano al slasher es precipitado y efectista. La pareja de cineastas demuestra, viendo lo trabajado de sus soluciones visuales, tener mucho más interés en la premisa que en su desarrollo, y todo acaba en un rutinario espectáculo de final abusivo e histérico que hace que lamentemos, sí, el repertorio de caretos desplegado por un pasadísimo Jonathan Rhys Meyers, pero aún más el timorato devenir de la carrera de una actriz tan interesante y válida como Julianne Moore.


"The Artist", cine mudo dentro del cine

Escrito por viviendodelaire 29-02-2012 en General. Comentarios (0)

   

Empecemos por las virtudes: hay que reconocerle a esta muy agradable producción francesa tanto un elevado nivel de carisma para con el espectador como ingenio y amor por el cine en su propuesta formal, de ahí que haya conectado tan bien, y esta coincidencia suele ser cosa rara, y más tratándose de una producción europea, con crítica y público. Además, la técnica es impecable, los actores están, en su mayoría, espléndidos y la banda sonora, salvo algún episodio discutible a abordar dentro de unas líneas, es excelente. El asunto, por si alguien no se ha enterado, es que The Artist es una película muda (al menos, en el 99% de su metraje), en blanco y negro e historia ambientada en el Hollywood clásico, lo cual parece ser no estaba muy claro en la estrategia de promoción de la película, si tenemos en cuenta los penosos episodios que se han podido presenciar en multitud de cines españoles, con carteles explicativos en las taquillas de cara a evitar desbandadas del público al darse cuenta, oh, sorpresa, de que no habían entrado a ver la última patochada con Sarah Jessica Parker. Algo parecido ocurrió con El árbol de la vida, de Malick. Así nos va.


Empero, no resulta plato de buen gusto pero sí obligatorio matizar esas virtudes que hacen que The Artist sea una película simpática y agradable, o, si lo prefieren, bonita, pero nunca la obra maestra que nos quieren vender. En primer lugar, lo que hay que dejar claro es que el film no es exactamente cine mudo, sino más bien un homenaje o, si se prefiere, tributo a éste, imitando las formas del Hollywood silente en clara complicidad con el espectador. Dicho de otra forma, en The Artist es tan evidente el jugar-a-hacer-cine-mudo que el público, embelesado con este viaje artístico al pasado, se olvida de que le están contando una historia más vieja que las pesetas. Veamos: el guión sigue el ascenso y caída de George Valentin (Jean Dujardin, espléndido), una estrella del cine mudo de la década de los veinte que ve truncada su carrera con la llegada del sonido. Paralelamente a su caída se produce el ascenso fulgurante de Peppy Miller (Berénice Bejo), una joven actriz que ha comenzado como extra y acabará siendo una estrella de los primeros años del cine sonoro. La película, que por abarcar y homenajear géneros salta de la comedia musical al melodrama pasando por el serial de aventuras (en esos rodajes con Valentin en modo Douglas Fairbanks, bigotillo incluído), gira en torno al contraste en la relación profesional/romántica entre sus dos protagonistas, reduciendo al resto de secundarios del plantel, lamentablemente, a meros arquetipos: el productor de cine fumador de puros que acaba denostando a Valentin por quedar anclado en el pasado (John Goodman), la aburrida mujer florero del protagonista (Penelope Ann Miller) que le abandona cuando las cosas se tuercen o su fiel chófer y ayudante (James Cronwell), que sigue a su lado a pesar de estar completamente acabado para el cine y haber pasado de una mansión en Hollywood a vivir en una cochambrosa pensión angelina.


           


Resumiendo, se podría decir que el director Michel Hanazavicius ha conseguido realizar con encanto un pastiche de géneros y tópicos con el objetivo de rendir tributo al Hollywood clásico. De hecho, sus bases van más allá del cine mudo de los años veinte: ahí están los nada velados ecos de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950) o Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952) así como la utilización, no exenta de polémica, en un momento clave de la película, de la partitura que Bernard Herrmann compuso para el Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock. La impostura formal de The Artist (en cuanto a utilizar unos recursos para nada necesarios hoy en día, a modo de reconocimiento y homenaje) por más simpática que sea, crea una distancia con el espectador que hace prácticamente imposible conectar con los momentos dramáticos del film (los menos logrados) y sí que éste se divierta con los más desinhibidos y referenciales, especialmente, sobre todo para la cinefilia militante, aquellos que juegan con mostrar ese cine (mudo) dentro del cine, así como los episodios en los que el film juega a romper con las convenciones del silencio (ese minuto final). The Artist, ganadora de cinco Oscars batiendo a films como Los descendientes o La Invención de Hugo, no aporta nada a la historia del cine que no hayamos visto antes, pero la permanente sonrisa con la que la observamos reivindica su valía como inteligente juguete posmoderno.




Buried (Enterrado): ¿cine español?

Escrito por viviendodelaire 28-01-2012 en General. Comentarios (0)
            
               

Llevaba tiempo detrás de comentar este notable segundo largometraje del director gallego Rodrigo Cortés (tras su irregular pero interesante debut, Concursante, y que estrenará el próximo 2 de marzo la esperada Luces rojas, con Cillian Murphy, Sigourney Weaver y Robert De Niro), toda vez que si bien su resultado no me parece tan extraordinario como se pudo decir en su momento, si me parece una propuesta cuanto menos estimable, y más si tenemos en cuenta los niveles de calidad que nos viene ofreciendo el cine español en estas últimas dos décadas. Porque sí, pese al protagonismo del norteamericano Ryan Reynolds (cuya interpretación no sólo es excelente, sino que por momentos lleva completamente el peso de la propuesta, ¡Quién lo diría del protagonista de bodrios como Blade: Trinity, La proposición, o ¡Marchando!) y al guión, también de factura hollywoodiense, a cargo de Chris Sparling, y que estuvo durante mucho tiempo dando bandazos por los cajones de las majors estadounidenses, Buried es una producción netamente española que demuestra que es posible hacer en este país entretenimiento de género y cierta calidad sin necesidad de renunciar al por lo visto imprescindible (¡horror!) mensaje de denuncia intrínseco al relato.

Dicho esto, y conociendo la justita premisa (un contratista civil norteamericano que trabaja en Irak es secuestrado y enterrado vivo en alguna parte del país con un teléfono móvil y una linterna), lo más destacable de Buried (Enterrado) es la manera en la que Cortés aprovecha el reducidísimo espacio del que dispone para desarrollar un trabajado y minucioso ejercicio de estilo, de manera que su puesta en escena no resulta en ningún momento repetitiva pese a las fuertes (y autoimpuestas, claro está) limitaciones. Resulta encomiable salir formalmente bien parado de un proyecto tan aparentemente suicida como es el de elaborar un thriller de acción y suspense con un ataúd como único escenario, y es aquí donde entra la segunda gran virtud de Buried: el trabajo interpretativo de Reynolds, un auténtico tour de force físico y gestual que contribuye notablemente al buen resultado del film incluso en sus momentos menos logrados.


          

¿Cuáles son esos momentos? Como muy acertadamente argumentaba Tomás Fernández Valentí en su texto sobre Buried (Enterrado) hace algo más de un año (y que se puede leer en su extraordinario blog en este enlace, http://elcineseguntfv.blogspot.com/2010/10/formas-actuales-del-cine-espanol-1.html), al que suscribe le ha chirriado el hecho de que por momentos el guión busque fórmulas para nada sutiles de alargar el relato hasta completar el metraje de 93 minutos del que hace gala la pelicula. Dicho de otra forma: el guión de Sparling adolece de varios episodios de relleno cuya única razón de ser es saltar del medio al largometraje, como pueden ser el arbitrario incidente de la serpiente o las continuas conversaciones con los secuestradores o funcionarios norteamericanos, que si bien sirven para dejar claro que la cinta es una crítica hacia las formas deshumanizadas de la burocracia occidental, también pueden acabar diluyendo un poco el interés del espectador en este, por lo demás, interesante y curioso ejemplo de rara avis dentro de esa industria que con tanta frecuencia nos castiga las retinas.



Lo mejor de 2011

Escrito por viviendodelaire 26-12-2011 en General. Comentarios (0)


Como todos los años por estas fechas, es el (divertido, no lo vamos a negar) momento de recopilar y recordar cuáles han sido las mejores películas nuevas que se han visto en 2011 en los cines españoles, aunque algunas hayan llegado a última hora, o, en el caso de 50/50,que no está en la lista pero es una película recomendable, aún no tengan fecha de estreno. Después de rebanarme un poco los sesos, y añadiendo también las tres propuestas que me han parecido, en líneas generales, sobrevaloradas (cuando no horrendas), mi lista quedaría de esta forma (de menos a más en preferencia):


                        


10.La Piel que habito (Pedro Almodóvar)


                        


9. X-Men: FirstClass (Mathew Vaughn)


                   

8. La boda de mi mejor amiga (Paul Feig)


                    

7. El Origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt)


                        


6. 13 asesinos (Takashi Miike)


                           


5. Somewhere (Sofia Coppola)


                     


4. Inside Job (Charles Ferguson)


                        


3. Camino a la libertad (Peter Weir)


                  


2. Cisne Negro (Darren Aronofsky)


                    


1. Drive (Nicolas Winding Refn)


Sobrevaloradas:

                   


3. Animal Kingdom (David Michôd)


                  


2. Super 8 (J. J. Abrams)


                   


1.127 horas (Danny Boyle)


¡Feliz Navidad y próspero año 2012 a todos!






                   

"30 minutos o menos", el regreso de Ruben Fleischer

Escrito por viviendodelaire 12-12-2011 en General. Comentarios (0)

 

                     http://viviendodelaire.blogspot.es/img/30omenos.jpg 

 

Tiene usted mi más sincera enhorabuena si fue uno de los muchísimos espectadores o críticos que consideró que la mediocre (en continente y contenido) Bienvenidos a Zombieland era una ácida y fresca comedia de terror irreverente a la par que respetuosa con el subgénero al que homenajeaba. También si disfrutó con esos diálogos supuestamente mordaces e ingeniosos que al que suscribe sólo transmitieron inverosimilitud, de su formularia y desganada puesta en escena y los diversos guiños a blockbusters de otras décadas lamentablemente pasadas (cameo de Bill Murray incluído). Y se la doy por la sencilla razón de que Ruben Fleischer ha vuelto a dirigir una película exactamente igual a aquella, dejando la comedia en el sitio en el que estaba –puede que acentuándola y acercando el humor a los terrenos del (mal) absurdo- y cambiando el subgénero de terror zombie por la acción, concretamente ese tipo de policíaco de la década de los ochenta que tan poco se tomaba en serio a sí mismo. Las referencias son múltiples, desordenadas y a destiempo, y a pesar de que por los diálogos y situaciones del pésimo guión escrito por Michael Diliberti y Mathew Sullivan pasen los títulos, imágenes o personajes de cintas como Arma Letal, Jungla de Cristal o Le llaman Bodhi, el desarrollo de este dislate descerebrado lo acerca más al nivel de ciertos engendros que, pensaba un servidor, habían quedado encerrados en el baúl de lo peor del cine comercial de la década de los noventa.

 

                  http://viviendodelaire.blogspot.es/img/30omenos1.jpg 

 

La gracia no está en eso, sino en que el señor Fleischer (apoyado, una vez más, en la enésima representación del arquetipo nerd-en-apuros a cargo de Jesse Eisenberg) va de fresco, novedoso y posmoderno, y nos cuela en el paquete otro de sus cameos estrella (esta vez más largo y con el rostro de Fred Ward) y los grotescos chascarrillos del inefable Danny McBryde  en el lote, por si no habíamos tenido suficiente con Caballeros, princesas y otras bestias. El resultado es prácticamente el mismo que en su debut, un perro de mil leches plenamente convencido de sus bondades, que bien podría estar filmado por una máquina diseñada para dirigir películas (los tipos de planos y movimientos de cámara se van sucediendo y repitiendo de una forma preocupantemente ordenada), cuyo guión no soporta una revisión mínimamente seria y en el que la memoria cinéfila del espectador (aunque sea la que concierne al blockbuster ochentero) es violada sistemáticamente. El ridículo metraje de 78 minutos créditos iniciales y finales incluidos –por más que nos acaben pesando como si fueran 140- es el principal indicativo de la profundidad de la propuesta. Otro botón de muestra: el personaje de Jesse Eisenberg está involucrado en una broma sobre Facebook. Ya saben, él hizo de Mark Zuckerberg en La red social. No me digan que no es para troncharse.